La forma más fácil de saber que un sistema se rompió es que dé error. Lo difícil es el sistema que funciona mal sin darlo: en pantalla todo parece correcto mientras la salida está silenciosamente equivocada. Esta lección trata de dónde mirar, y en qué orden, cuando eso ocurre.
Un fallo ruidoso se anuncia: algo se detiene, una luz se pone roja, llega un aviso. Un fallo silencioso no anuncia nada. El sistema sigue funcionando, cada paso informa de éxito y el resultado que produce está mal. Puede tardar días en notarse, porque nadie sospecha de algo que funciona.
Las formas típicas son estas: un campo llega vacío y el cálculo parte de cero; un rango se escribe corto y una columna no se lee nunca; una regla se salta solo en un caso concreto. En los tres el sistema dice éxito. Un fallo silencioso es más peligroso.
¿Los datos que entran al sistema son de verdad los que espera? Nombre del campo, rango, celda vacía. La mayoría de las averías no aparece en la regla sino en lo que llega a la regla. Vea la entrada con sus propios ojos antes de leer la regla.
Si la entrada es correcta, pase a la regla. Escriba uno a uno qué hace en cada caso y recorra un ejemplo real sobre ese escrito. Una regla que no se sostiene en papel tampoco se sostiene en el sistema.
Compare el número de registros esperados con el número producido. Si las cuentas no coinciden hay avería, aunque en pantalla no se vea nada. Contar es más fiable que mirar.
Este es el paso que más se salta. Si la avería no vuelve a aparecer en sus manos, tampoco podrá saber si el cambio que hizo sirvió. Provoque la avería a propósito una vez más; solo después empiece a corregir.
Hay otra trampa. Cuando una herramienta de control da el mismo aviso durante mucho tiempo, ese aviso deja de llevar información. Nadie lee una luz que siempre está roja. Conviene comprobar de vez en cuando si un aviso sigue siendo cierto; de lo contrario la avería real desaparece en esa misma pantalla.
Si sospecha que un sistema funciona mal en silencio, escríbanos y lo miramos juntos.