Quien conoce el trabajo se lo enseña a otra persona haciéndolo. Unos días después vuelve a surgir la misma pregunta, y otro día la tarea se hace en otro orden. Si quien conoce el trabajo no está ese día, la pregunta puede quedar sin respuesta.
Hay dos formas habituales de pasar una tarea a otra persona: plasmarla en una guía escrita o enseñarla haciéndola a su lado. Este artículo repasa la diferencia entre ambas, las situaciones en las que cada una puede encajar, cómo pueden usarse juntas y cómo puede escribirse una guía breve; qué camino elegir puede depender del tipo de trabajo.
⚡ Escenario de ejemplo: En una floristería, solo la dueña sabe cómo se preparan y entregan los pedidos. En una temporada de mucho trabajo, le enseña la tarea haciéndola a una persona que viene a ayudar y después ambas anotan en una hoja breve los pasos por los que se vuelve a preguntar. Este camino combinado puede ayudar a que distintas personas hagan el trabajo de forma parecida.
Dos formas de pasar una tarea
La guía escrita lleva la tarea al papel; enseñar haciendo la muestra en la práctica. En un caso, el conocimiento queda en un lugar que no depende de una persona; en el otro, se transmite en la conversación entre quien enseña y quien aprende.
Aunque los dos caminos parezcan rivales, pueden usarse juntos en el mismo negocio, incluso para la misma tarea. Cuál de ellos destaca puede depender de cuánto se repite la tarea, cuánto cambia y cuánta habilidad manual exige.
Puntos fuertes y débiles de la guía escrita
Una guía escrita puede ser una fuente a la que acudir incluso cuando no está quien conoce el trabajo. Los pasos pueden seguirse cada vez en el mismo orden, y alguien nuevo puede buscar primero la respuesta en la guía. Por otro lado, la guía puede dejar fuera gestos y pequeños detalles difíciles de poner por escrito.
| Criterio | Guía escrita | Enseñar haciendo |
|---|---|---|
| Primer contacto con la tarea | Leyendo, al propio ritmo | Mirando y preguntando |
| Hacer la tarea de forma parecida cada vez | Más sencillo, porque los pasos no cambian | Depende de cómo se explique ese día |
| Dependencia de quien conoce el trabajo | Menor | Mayor |
| Cuando la tarea cambia | Hay que actualizar la guía | Quien enseña puede mostrar directamente la nueva forma |
| Detalles que exigen habilidad manual | Pueden ser difíciles de describir | Pueden transmitirse mostrándolos |
La tabla muestra que los dos caminos responden a necesidades distintas; puede que uno no sustituya del todo al otro.
Puntos fuertes y débiles de enseñar haciendo
Enseñar haciendo puede permitir que quien aprende pregunte y pruebe la tarea enseguida. Las tareas que exigen habilidad manual, se hacen a ojo o cambian según la situación pueden transmitirse con más facilidad mostrándolas. A cambio, quien enseña tiene que reservar tiempo y el conocimiento puede seguir quedándose con esa persona.
Cuando quien conoce el trabajo está de vacaciones u ocupado, puede surgir la pregunta de adónde ha ido el conocimiento que solo se transmitió de palabra. Tratamos esta situación desde el punto de vista del dueño en nuestro artículo sobre qué hacer si el trabajo se detiene cuando usted no está; aquí el tema es cómo pasar una tarea a otra persona.
Qué camino puede encajar con cada tarea
Unas preguntas pueden facilitar la decisión: ¿La tarea se repite a menudo, sus pasos son fijos, exige habilidad manual o cálculo a ojo, y cuánto importa un error? En tareas con pasos fijos y frecuentes puede destacar la guía escrita, y en las que cambian según la situación, enseñar haciendo.
Cómo pasar una tarea también tiene que ver con quién la hará. Comentamos qué tareas pueden encajar con una persona y cuáles con un sistema en nuestro artículo sobre si contratar a alguien o automatizar.
Usar ambos caminos a la vez
En muchos pequeños negocios, usar los dos caminos uno tras otro puede ser una solución equilibrada. Mostrar primero la tarea y escribirla después juntos puede ayudar a conservar tanto la habilidad manual como el orden de los pasos.
Pueden destacar tres pasos.
1. Hacer la tarea juntos la primera vez
Quien aprende puede hacer la tarea por primera vez al lado de quien la conoce y preguntar en el momento por lo que no entiende. Este paso puede ayudar a ver detalles difíciles de escribir.
2. Escribir juntos los pasos
Cuando la tarea ya se ha hecho varias veces, que quien aprende escriba los pasos con sus propias palabras puede ayudar a que la guía se entienda bien. Quien conoce el trabajo puede completar lo que falte.
3. Probar la guía con otra persona
Probar la guía escrita con alguien que aún no ha hecho la tarea puede sacar a la luz pasos omitidos. Los puntos en los que se atasque pueden añadirse a la guía.
Qué puede incluir una guía breve
Una guía de trabajo no tiene por qué ser larga; unos pocos apartados pueden bastar para repetir la tarea. Una guía breve también puede tener más probabilidades de leerse.
| Apartado | Qué se escribe |
|---|---|
| Nombre de la tarea | Un título que describa la tarea en una frase |
| Cuándo se hace | En qué situación o qué día se hace la tarea |
| Pasos | Qué hacer, en orden, con frases cortas |
| Punto de atención | Un detalle que puede confundirse u omitirse |
| A quién preguntar si hay dudas | Nombre o función de quien conoce el trabajo |
El orden de una tarea puede cambiar con el tiempo. Por ejemplo, cuando en una reunión se añade un paso nuevo, actualizar también la guía puede evitar que se trabaje con la versión antigua; tratamos el seguimiento de los cambios hablados en reuniones en nuestro artículo sobre por qué se olvidan las tareas de reunión.
Dónde guardar la guía y cuándo revisarla
Una guía puede resultar útil cuando está donde cualquiera que la necesite puede encontrarla con facilidad. Explicamos cómo guardar las guías en una carpeta común con la misma regla de nombres en nuestro artículo sobre los errores al organizar archivos.
Conviene revisar la guía cuando la tarea cambia, cuando empieza alguien nuevo o cuando se detecta un punto en el que la gente se atasca. Las herramientas para cuando crecen las tareas y las personas se tratan en nuestra guía de automatización de formación.
Resumen
Una guía de trabajo escrita puede guardar el conocimiento en un lugar que no depende de una persona y ayudar a que la tarea se haga de forma parecida cada vez; enseñar haciendo puede destacar para transmitir la habilidad manual y los detalles que cambian según la situación. Qué camino encaja puede depender de cuánto se repite la tarea, lo fija que es y lo finos que son sus detalles. Usar los dos caminos uno tras otro y mantener una guía breve y al día en un lugar común puede ser un orden equilibrado para muchos negocios.
Preguntas frecuentes
¿Escribir una guía o enseñar haciendo: qué encaja con mi trabajo?
La respuesta puede variar según el tipo de trabajo. En tareas con pasos fijos y frecuentes puede destacar la guía escrita, y en tareas que exigen habilidad manual o cálculo a ojo, enseñar haciendo.
¿Qué debe incluir una guía de trabajo breve?
El nombre de la tarea, cuándo se hace, los pasos en orden, un punto de atención y a quién preguntar si hay dudas pueden bastar para empezar. Que la guía sea breve puede facilitar su lectura.
¿Cómo pueden usarse juntos los dos caminos?
Hacer primero la tarea juntos, después escribir los pasos con las palabras de quien aprende y probar la guía con otra persona puede seguirse como secuencia. Así pueden conservarse tanto los detalles como el orden.
¿Cuándo conviene actualizar una guía de trabajo?
Conviene revisarla cuando cambia el orden de la tarea, cuando empieza alguien nuevo o cuando se detecta un punto de atasco. Una guía al día puede evitar que se trabaje con la versión antigua.
¿Qué tener en cuenta al enseñar haciendo?
Puede ayudar reservar tiempo para las preguntas y dejar que quien aprende pruebe la tarea. Anotar después la tarea en una nota breve puede ayudar a que el conocimiento no se quede en una sola persona.
Elijamos juntos cómo transmitir su trabajo
Qué tarea conviene escribir, cuál conviene mostrar y dónde guardar la guía. Podemos sopesar este equilibrio con usted.
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